El Bhagavad Gita: el canto del señor
Escrito por Julio Padilla   


El Gita es la escritura sagrada más leída en la India y la más conocida en occidente por la belleza de su contenido y la universalidad de su mensaje, teniendo muchísimos juntos comunes con el mensaje esencial contenido en escrituras sagradas procedentes de otras latitudes, escritas en diferente época y que recogen las enseñanzas de otros Maestros. Aún así, es obvio que Todos revelaban la misma Experiencia y con el mismo
propósito último.
El Gita, dentro del cuerpo de las revelaciones divinas de la India juega el mismo papel que los Evangelios, dentro del cuerpo del Antiguo y Nuevo Testamento. Es como el exponente máximo de la doctrina que ya antes se había expuesto en los cuatro Vedas, los Brâhmanas, Vedanta-sutras, los Upanishads y el Shrimad Bhagavatam.

INTRODUCCION

El Mahabharata es un extenso poema hindú, que al parecer fue escrito hace 5.000
años (3.000 a. C.). La tradición atribuye su redacción a Vyasa, si bien alcanzaría su
forma definitiva varios siglos después, bajo el reinado de los Gupta.
Consta de más de 107.000 pares de versos. Su extensión es siete veces superior a las
famosas obras «La Ilíada» y «La Odisea» juntas. Parece tener un fuerte fundamento
histórico, ya que en los Vedas hay referencias a personajes del Mahabharata, que supuestamente
intervendrían en una guerra intertribal, ocurrida en el segundo milenio
antes de Cristo, y en la que participó toda la India septentrional.
Este antiguo poema narra en lengua sánscrita la epopeya de las reyertas entre los
«kurus» y «pandavas», clanes tribales que tenían como predecesor común a Bharata,
hijo de Sakuntala. La guerra entre las dos tribus hermanas había sido iniciada a consecuencia
de que Pandu, el hijo menor del rey Hastinapura, había ascendido al trono
debido a que su hermano mayor, Dhritarashtra, era ciego.
Por una ofensa inferida a los dioses, Pandu debió dejar el reino y junto con su esposa
y sus cinco hijos se retiró a los bosques a hacer penitencias, donde moriría tiempo
después. Durante este tiempo en el que Pandit hacía sus penitencias, su hermano Dhritarashtra
había ascendido al trono, teniendo una prole de cien hijos.
Duryodhana, el hijo mayor de Dhritarashtra, sentía celos y envidia de las buenas
virtudes de los cinco hermanos pandavas, pues al morir Pandu, Dhritarashtra les había
acogido y criado como a sus propios hijos. Y por esta razón Duryodhana les tiende un
atentado, en el que aparentemente perecieron. Pero no fue así. Tiempo después, Duryodhana
se entera de que los pandavas han emparentado con un poderoso monarca,
por su casamiento con su hija Draupadi. El padre de la princesa había organizado un
torneo, cuyo ganador tendría como recompensa la mano de su hija. Arjuna, uno de los
hijos de Pandu, resulta victorioso, aunque por un extraño incidente familiar, debe compartir
su esposa con sus hermanos.
Dhritarashtra, al enterarse de la situación en que se encontraban los pandavas, y
siguiendo el consejo de su tío Bhishma, les otorga la mitad de su reino.
Por este motivo, crece el odio de su hijo mayor (Duryodhana) hacia los pandavas, y,
cegado por la envidia, reta a un fraudulento juego de dados a Yudhistriya, el mayor de
los hijos de Pandu. Este acepta y pierde sus posesiones, su libertad y la de sus hermanos.
Pero Dhritarashtra interviene y les devuelve su libertad y sus posesiones. Mas,
nuevamente, Duryodhana desafía a Yudhishtriya, concertando que si éste pierde en el

juego, deberá retirarse junto con sus hermanos al bosque durante doce años. Yudhishtriya
pierde y los «pandavas» marchan al exilio.
Transcurrido el tiempo fijado de exilio, los «pandavas» vuelven y reclaman a Duryodhana
su parte del reino, pero éste se niega. Yudhishtriya entonces ofrece otra posibilidad
de acuerdo pacífico, sugiriéndole que él y sus hermanos estarían satisfechos tan
sólo con una ciudad cada uno. Pero Duryodhana rechaza también esta segunda petición,
haciéndose así inevitable la declaración de guerra por parte de los pandavas.
Tanto Duryodhana como los pandavas solicitan la ayuda de Krishna y de sus huestes,
los Vrishnis. Krishna ofrece a unos su presencia en las filas, pero sin tomar parte
activa en la batalla, y al otro bando le ofrece sus huestes. La elección se lleva a cabo y
Duryodhana elige las huestes, mientras que los pandavas se quedan con la presencia a
su lado de Krishna (Arjuna elige). El combate entre los dos bandos dura dieciocho días
y finaliza con la muerte de Duryodhana y la victoria de Arjuna y los pandavas.
El Mahabharata termina relatando el peregrinaje de los pandavas al Himalaya y su
ascensión a la morada de Dios.
El Bhagavad-Gita, «Canto del Señor», cuyo título completo es Srimadbhagavadgita-
upanishad, («Enseñanzas impartidas en el Canto Supremo del Señor») se encuentra
en el libro VI Bhismaparvan, sección 6 del Mahabharata. Se trata de un Upanishad
(«Enseñanza a los Pies del Maestro»). Es decir, es una revelación espiritual de una
enseñanza secreta impartida por Krishna.
Hay quien afirma que, originalmente, no formaba parte de la gran epopeya india,
sino que fue añadido posteriormente. Los dieciocho breves capítulos del Gita versan
sobre el diálogo que mantuvieron Krishna y Arjuna ante el desfallecimiento de este último,
breves instantes antes de la batalla final, que decidiría la victoria de uno de los
dos bandos. Arjuna, el más diestro de los hijos de Pandu, siente flaquear su ánimo
cuando ve a la mayoría de sus familiares y amigos entre las filas enemigas. El cuerpo
central de este bello poema filosófico-espiritual es la respuesta de Krishna ante el desaliento
del valiente Arjuna, que se niega a luchar a muerte contra sus seres queridos.
Krishna le habla a Arjuna acerca del Universo, de quién es él y su condición en medio
del Cosmos, además de la Misión que debe desarrollar el hombre en la tierra y de cómo
han de comprenderse los misterios de la vida y de la muerte.
Esta obra, junto con el Shrimad Bhagavatam, constituye la piedra angular de todas
las religiones y sectas religiosas hindúes de tendencia Bakti (devocional), centrándose
el objeto de adoración en la personalidad divina de Krishna, aceptado como un Maestro
Perfecto, una encarnación sobre la tierra de ese Poder omnipotente, omnipresente y
omnisciente, que los occidentales llamamos Dios. Krishna vivió en la India hace unos
5.000 años y allí pasó su vida terrena, cuya duración fue de unos 125 años.

El mensaje esencial de los Vedas, tanto como el del Shrimad Bagavatam, y aún más
claramente enunciado en Bhagavad Gita, es que Dios, el Señor del Universo, se manifiesta
una y otra vez en forma humana sobre este planeta, dejando un cuerpo para tomar
otro con el propósito de liberar a sus devotos de las miserias del océano de Maya
(ilusión),que constituye este mundo de los sentidos. Llevándolos pues a alcanzar «la
otra orilla»: la liberación de todas las limitaciones que constituyen nuestro ego, basado
en las experiencias limitadas del limitado mundo material.
Nuestra ilusoria conciencia de individualidad se debe a la ignorancia de que el Señor,
ese Poder Perfecto, habita dentro de todas las criaturas, siendo nuestra real identidad
y la fuente misma de la Vida. Es el Creador, Conservador y Destructor de todo lo
creado. Por eso, El se revela a aquéllos que buscan en Él su refugio, dándoles la experiencia
interior de ese Poder real, que está dentro del hombre dotándolo de vida y con
el que terminan fundiéndose.
Éste es el mensaje más importante contenido en todas estas escrituras sagradas de
origen hindú. Por otra parte, sorprendentemente, constituye un factor común en casi la
totalidad de las escrituras, que narran la vida o enseñanzas de los grandes Maestros, a
pesar de pertenecer a diferentes épocas, culturas y procedencias geográficas: Rama,
Krishna, Budha, Sócrates, Zoroastro, Moisés, Patanjali, Lao Tse, Jesús, Mahoma, Sankaracharya,
Santo Kabir, Shri Chaitanya, Shri Ramakrishna, etc.
Todos estos grandes Maestros revelaban una experiencia a sus discípulos, iniciándolos
en el Eterno Conocimiento de la Verdad. Estos discípulos más tarde recogían sus
enseñanzas y describían las experiencias que obtenían al poner en práctica el Conocimiento,
en el que el Maestro les había iniciado, siendo El el único guía para conducirles
a través del camino.
En todas las manifestaciones que ha tomado el Maestro, siempre hacia el final de su
vida, les explica a sus discípulos acerca de su continua presencia en la tierra, bien haciendo
alusión a sus anteriores encarnaciones, o bien, aludiendo a una segunda venida
después de su muerte.
En el Gita, Krishna dice:
“Siempre que el bien decae extinguiéndose poco a poco, predominando en
su lugar la maldad y el orgullo, Mi Espíritu se manifiesta en forma humana
sobre esta tierra.”
Bhagavad Gita, 4-7

“En verdad te revelaré mis divinas manifestaciones, Oh Arjuna, mas sólo
he de hablarte de las principales, pues no hay límite para las variantes menores.”
Bhagavad Gita, 10-19
Y nosotros, los seres humanos, fuimos hechos «a Su propia imagen y semejanza».
Somos, potencialmente, idénticos al Señor manifestado. El así lo quiso y es gracias a El
que, después de tomar un cuerpo humano, nos hace posible reconocer nuestra auténtica
identidad y propósito de esta vida. Pues el Señor se revela a sí mismo (revela su Conocimiento)
a todos los seres humanos que se acercan a El con un corazón humilde y deseo
sincero de conocer la Verdad.
Los discípulos del Maestro, en épocas anteriores, le servían durante muchos años
para desarrollar amor y devoción por El, y cuando el Maestro se sentía satisfecho con
el amor y servicio de su devoto, por Su Gracia e Infinita Misericordia, le revelaba el
Conocimiento, iniciándolo en una experiencia interior, a través de la cual, el devoto
reconocía la Forma Inmanifiesta de su Señor, como energía pura, la Vibración Primordial
que las escrituras citan con diferentes nombre: el Santo Nombre de Dios, la Palabra,
el Verbo, el Tao, Sat Nam, Pak Nam, Om, la Palabra Bhrámica, Jehová, etc.
Esta Santa Palabra o Verbo se manifiesta dentro del ser humano, no sólo como esa
vibración, sino que de ella, a su vez provienen otras tres manifestaciones:
Luz Divina; blanca y brillante, solamente visible a través del tercer ojo (tricuti), que
es abierto en el momento de la iniciación. Constituye una experiencia real de visión de
Luz, dentro de nosotros, adoptando diferentes formas que puede variar desde unos resplandores
nebulosos, hasta una Luz más brillante que el sol. Se conocen casos de personas
que han estado clínicamente muertas y luego vueltas a la vida, que relatan cómo
han tenido la experiencia de ver esta Luz, produciendo una profunda transformación en
el enfoque de sus vidas.
La segunda manifestación se presenta como Música Interior (la armonía de las esferas),
audición interior de sonidos que no tienen nada que ver con los sonidos del mundo
exterior, aunque por similitud se podrían comparar a cantos de pájaros, ruido de cascadas,
tañidos de campanas, cantos de grillos, sonidos de la naturaleza, instrumentos
musicales, y numerosos sonidos diversos, que no son referibles siquiera.
Una tercera manifestación es el Néctar (las «aguas vivas» de la vida eterna), que
viene simbolizado en las representaciones del Señor Shiva sentado en meditación, por
un pequeño chorrito en forma de surtidor emanando del centro de su cabeza. En el Gita

se cita también bajo el nombre de Soma. Son unas aguas que caen de la base del cerebro
hacia nuestra garganta y se pueden tragar materialmente, siendo la más física de
las cuatro manifestaciones (Verbo, Luz, Música y Néctar). Es el responsable del mantenimiento
de nuestro cuerpo, de nuestra salud y fuerza muscular, pero su efecto primordial
es el éxtasis de gozo que produce, transportando la conciencia al estado de Anand
(Dicha Suprema). Tiene diversidad de sabores y produce sensaciones de aromas diferentes.
No obstante, el Néctar es una experiencia puramente espiritual, que nada tiene
que ver con el mundo físico que conocemos a través de nuestros sentidos externos.
Estas cuatro manifestaciones interiores son la Forma Inmanifiesta del Maestro
Perfecto o Guru, cuyo principal mandamiento para su discípulo es que medite constantemente,
concentrando su mente en ese Santo Nombre que Él le ha revelado, a través
del cual obtendrá la liberación. Pues, siendo la Perfección misma, por contacto continuo
con él, nos elevará inevitablemente hacia la Perfección.
Así pues, el Maestro Perfecto muestra prácticamente el modo natural de experimentar
sus cuatro manifestaciones dentro de cada ser humano a través de la meditación
en esa experiencia interior, a la que siempre tenemos acceso una vez que el Maestro
«ha abierto la puerta».
Esta «puerta» comienza a abrirse en la vida de un sincero buscador, cuando éste
acude a escuchar Satsang (etimológicamente: compañía de la Verdad. Sat = Verdad;
Sang = compañía), lo cual sucede, no únicamente por propia decisión, sino que en realidad
es conducido allí por la invisible mano y la voluntad del Maestro Perfecto; atraído
por El en un acto de Su Infinito Amor.
Satsang es estar en la compañía de los devotos del Maestro (en la compañía de los
Santos), y en su forma o aspecto meramente externo, Satsang es simplemente un discurso
espiritual sobre la experiencia del Conocimiento, ya sea compartido entre el Maestro
y sus discípulos, bien entre los mismos devotos; siendo éstos en realidad instrumentos
del Maestro Perfecto. Mas este discurso espiritual oculta una real experiencia del Conocimiento,
a la cual se puede conectar el neófito que tiene «oídos para oír», es decir,
el que sin oponer a lo que escucha la resistencia de sus conceptos establecidos y sin
reparar en las formas y los aspectos exteriores, se abre a lo que allí está sucediendo.
Con tan sólo abrirse a satsang y estar en con compañía de los devotos, el neófito
puede empezar a experimentar, poco a poco, como «algo» dentro de él, se abre naturalmente
a esa experiencia, produciendo una estable dicha en su estado de ánimo, y en
su relación con lo que le rodea.
De esta circunstancia surge un espontáneo deseo de agradecimiento que le invita a
ofrecer sus servicios desinteresadamente. Motivado únicamente por el amor que le insEl

pira esa experiencia interior, que, por contagio directo, comienza a despertarse dentro
del nuevo discípulo.
En la práctica del servicio al Maestro (cuyo deseo básico es propagar el Conocimiento
a todos los hombres de la tierra), se encierra también la experiencia del Conocimiento,
que se hace sentir como auténtica felicidad.
La práctica del servicio, frecuentando al mismo tiempo la asistencia a satsang, eleva
la conciencia, llevando al devoto al estado de humildad, indispensable y necesario
para poder aceptar la imprescindible ayuda del Maestro. Además reporta mucha comprensión
sobre cómo practicar con éxito este Conocimiento, trayendo consigo la concentración
necesaria para poder practicar la meditación, cuando ésta sea revelada.
En la lectura de las diversas escrituras sagradas de todos los tiempos y procedencias,
podemos encontrar numerosos relatos que ilustran la necesidad e importancia
para el discípulo del satsang y servicio, como vía preparatoria para la iniciación en la
meditación, que completa, junto con los dos anteriores, la senda tripartita de Satsang,
Servicio y Meditación (sadhanas), que constituye el camino para la realización del Conocimiento:
la unión con Dios.


MEDITACIÓN

El término meditación, tal y como se entiende en la cultura oriental, no se refiere a
reflexión o pensamiento profundo (sentido comúnmente aceptado en Occidente), sino
exactamente todo lo contrario. Por meditación se entiende la eliminación total de cualquier
tipo de pensamiento, mediante la concentración de la mente en un solo punto,
como pasivo observador, sin calificar, enjuiciar ni deducir nada. Se puede observar que
todo lo que tiene poder de atraer y absorber nuestra atención nos produce paz y satisfacción,
como consecuencia inmediata del acto de concentración mental. Todo el mundo
practica simulacros de meditación de un modo consciente o inconsciente; desde hacer
«ganchillo» hasta contar ovejitas antes de dormirse, desde cantar todo el día mentalmente
una misma canción, hasta gritar repetidamente un mismo sonido cuando nos
hacemos daño, para evitar, intuitivamente, que nuestra conciencia ponga su atención
en la sensación de dolor.
La concentración mental reporta un ahorro de actividad inútil. El agotamiento experimentado
al final de la jornada diaria es debido, en su mayor parte, al gran volumen de actividad mental que desarrollamos, a veces necesaria y, bastante a menudo, innecesaria e involuntaria.
Para producir cualquier pensamiento, para desarrollar cualquier proceso de cálculo
o razonamiento, nuestro cerebro consume una cierta cantidad de energía vital, ya
que sólo gracias a ella se hace posible el proceso del pensamiento. Tratando de estar
tan sólo un minuto, sin pensar absolutamente nada, se puede comprobar fácilmente qué
vano es nuestro esfuerzo por conseguirlo. Por el contrario, muchos pensamientos nos
asedian continuamente en diferentes direcciones, sin ningún orden ni control, ajenos a
nuestra voluntad y a pesar de no desear producirlos. Esto da idea de cuantos cientos y
cientos de pensamientos innecesarios ocupan nuestra mente durante el día, manteniendo
nuestro cerebro y sistema nervioso en continuo trabajo y desgaste inútil.
Aquí es donde la meditación cumple perfectamente su papel. Cuando no tenemos
nuestra mente ocupada en resolver algo concreto, necesitamos un punto que tenga el
poder de absorber nuestra atención y concentrarla ahí, para experimentar paz y relax.
De este modo aumentamos nuestra capacidad de rendimiento en nuestro quehacer diario,
que en consecuencia deja de ser una tarea desagradable, convirtiéndose en un foco
de satisfacción.
Si además queremos experimentar paz constante, necesitamos un punto de concentración
constante, que siempre esté con nosotros, y utilizable en cualquier circunstancia.
Y esto solo es simplemente esta Vibración Primordial que, morando en nuestro interior,
nos da la vida, acompañándonos en todo tiempo y lugar a través de todo tipo de
situaciones hasta el momento en que ésta abandona el cuerpo físico, circunstancia que
ocasiona la muerte.
Esta Vibración Primordial se manifiesta por sí sola dentro de todo lo que existe y es
la Realidad Ultima, soporte de toda la creación, siendo el ser humano el último eslabón
de la cadena evolutiva ascendente.
En esta forma humana se tiene la oportunidad, no sólo de vivir, sino de reconocer
por qué vivir, pues el Maestro Perfecto vivo puede abrir la puerta que lleva al ser humano
a fundirse de nuevo con su Fuente. Rompiendo así la ilusoria identificación con el
ego temporal, que no es más que un mal sustituto de esa experiencia interior de total
plenitud en sí misma, que ha sido descrita en los Vedas, Upanishads, el Gita y casi todas
las escrituras hindúes, como el estado de Sat Chit Anand: Verdad, Conciencia, Dicha
Suprema. O sea, la experiencia interior de la Verdad, esa energía omnipresente y
eterna, despierta la Conciencia al estado de Dicha Suprema.
También todas las escrituras coinciden en que esta Vibración Primordial no es audible
con los oídos externos, ni pronunciable con los labios, ni abarcable por la mente
ni el intelecto, ya que siendo una experiencia infinita, se tiene más allá de la razón y la lógica humana. Así pues, se ha de trascender todo estado mental o racional, para poder
acceder a esta experiencia, anulando el propio ego y la mente.
Aquí precisamente —siendo impotentes por nosotros mismos para obtener esa experiencia
de liberación— se concreta el papel del Maestro Perfecto o Satguru (verdadero
Guru): revelar el modo natural de experimentar esta Vibración dentro de cada ser humano
que, «con humildad y sincero deseo», busca la Verdad. Haciendo de puente, de
transformador, entre ese estado perfecto e infinito con el que Él está fundido, y el estado
imperfecto y limitado en que nos encontramos, debido a nuestra identificación con
nuestra mente y nuestro ego.
El Maestro Perfecto lleva al ser humano a su Fuente de origen. Al hacerle entrar en
contacto con ese estado infinito e ilimitado en el que vibra esa Energía Interior, le libra
de la esclavitud de su falso ego individual, que es como una fortaleza, fabricada por el
miedo, a la inseguridad y agonía que produce vivir desconociendo su propia identidad:
el no saber quién es, por qué está aquí y adónde va. Por eso se crea una falsa personalidad,
que crece en el abonado terreno del miedo.

MAESTRO, DISCIPULO, DEVOCIÓN

El miedo es tan sólo una cara de la moneda de la vida, cuyo reverso es el amor. El
amor es la llave que ha usado el Maestro, en todas las épocas, para abrir el corazón de
sus devotos. El amor al Maestro, es lo que permite al discípulo desligarse de sus temores
y trascender su ego, para fundirse dentro de sí con su Señor, a través de ese lazo tan
fuerte que Él produce entre los dos: amor sublime, devoción, éxtasis de amor.
Esto permite al discípulo entregarse completamente a los Pies de Loto de su Maestro
para siempre, para que Él pueda elevarlo a ese estado de Sat Chit Anand, en el que
el Maestro se encuentra. De otro modo, si no se produce esta entrega al Maestro, si no
hay rendición del ego, no permite que el Satguru lo lleve a ese estado que está más allá
de la razón del intelecto y los sentidos. Estado que nadie puede alcanzar por sí mismo.
Así pues, sólo el Maestro Perfecto puede revelar esa experiencia de perfección, que
está más allá de los límites de nuestros sentidos, nuestra mente e incluso nuestra muerte
física.
San Juan, en su evangelio, dice:


«Al principio era el Verbo. El Verbo estaba con Dios. Y el Verbo era Dios.»
«Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.» «La Palabra era la Luz
verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo
estaba, y el mundo fue hecho por ella, pero el mundo no la conoció. Vino a
su casa y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, les
dio el poder de hacerse hijos de Dios.»
Jesús, después de ayunar 40 días, mientras hacía meditación en el desierto, fue tentado
por el demonio (deseo mental), más Él respondió:
“No sólo de pan vive el hombre, sino de la Palabra de Dios.”
Y en otra ocasión dijo:
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie llega al Padre si no es por
Mí, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo quiere revelárselo.”
La tan deseada y necesaria Paz no puede venir de fuera hacia dentro, sino a la inversa.
Se ha de experimentar en el interior de cada ser humano, para que así se manifieste
en el mundo exterior.
Se puede vivir en este mundo como una flor de loto: aunque nace en aguas pútridas,
nunca sus pétalos se ven tocados por ella. Flotando en la superficie, sube cuando el
nivel de las aguas sube y de igual manera, desciende cuando el nivel baja, sin ser afectada
por el movimiento del agua, ni la suciedad que ésta contenga.
Similarmente, con mucha frecuencia en la literatura sagrada hindú, se ha comparado
a los devotos del Señor Manifestado con las flores de loto; pues viven flotando en la
superficie del océano de Maya (ilusión del mundo material), sin verse afectados por las
miserias y la locura del mundo. Siempre extasiados en la Dicha Suprema de la devoción,
continuamente protegidos por la Gracia de su Señor, a quien entregaron su vida
hallando refugio en El.
Esta explicación acerca de los diversos aspectos del Conocimiento, es tanto más necesaria
cuanto que resulta infrecuente encontrar estas esenciales aclaraciones en las
diversas traducciones y prolongaciones, no sólo del Bhagavad Gita, sino de las diversas
escrituras sagradas que dan testimonio de esta Experiencia Suprema de Perfección.

Fue de esta Revelación Interior y del Camino que conduce a ella, de lo que Krishna
habló a Arjuna, y Jesús a sus discípulos; no era otra la razón por la que los primitivos
cristianos morían cantando en el circo romano. También de ello habló Mahoma al
igual que Budha y todas las demás manifestaciones que el Señor ha tomado en la tierra;
sólo esta Verdad se encarna edad tras edad. El es ese Poder omnipotente, omnipresente
y omnisciente que los hombres llamamos con diferentes nombres, como Dios, Alá,
Brahman, Bagwan, Tao, etc. Esta es la Verdad de la que se da testimonio en el Bhagavad
Gita.

SU VALOR ESPIRITUAL

El Gita es la escritura sagrada más leída en la India y la más conocida en occidente
por la belleza de su contenido y la universalidad de su mensaje, teniendo muchísimos
puntos comunes con el mensaje esencial contenido en escrituras sagradas procedentes
de otras latitudes, escritas en diferente época y que recogen las enseñanzas de otros
Maestros. Aún así, es obvio que Todos revelaban la misma Experiencia y con el mismo
propósito último.
El Gita, dentro del cuerpo de las revelaciones divinas de la India juega el mismo
papel que los Evangelios, dentro del cuerpo del Antiguo y Nuevo Testamento. Es como
el exponente máximo de la doctrina que ya antes se había expuesto en los cuatro Vedas,
los Brâhmanas, Vedanta-sutras, los Upanishads y el Shrimad Bhagavatam. Pero tampoco
«fue suficiente», del mismo modo que un evangelio no bastó, ni siquiera los cuatro,
pues le siguieron las epístolas como complemento explicativo de los pequeños y
concretos casos de la vida discipular, que no quedaban suficientemente cubiertos en las
narraciones evangélicas. Algo parecido ocurrió inevitablemente después del Gita, siguiéndoles
algunas obras menores que trataban de profundizar más, en esta indescriptible
e inagotable fuente de inspiración que es la Revelación del Conocimiento de Dios,
llegando con el transcurso del tiempo hasta un punto, en el que El Señor se hubo de
manifestar públicamente de nuevo, a través de Gautama Budha (500 años a. C.), para
revelar este Conocimiento Eterno a los hombres. Pero esta vez complementó su labor
creando una institución monacal, para proveer a sus iniciados de un ambiente disciplinado
dentro de unos refugios o monasterios (que actualmente se llaman ashrams), cuyo
propósito básico era garantizar el progreso del discípulo dentro de la estrecha senda del camino espiritual (algunas escrituras la describen como «el filo de la navaja»). Lo cual dio pie igualmente a numerosas escrituras que describen la perfección de Budha y
la doctrina y el amor que compartió con sus discípulos. La estructura monacal y la vida
de total entrega y renuncia que hacían los devotos que buscaban refugio en ella, les
permitió recibir de su Maestro enseñanzas más específicas y concretas, lo cual naturalmente
se ve reflejado en la exhaustividad explicativa de los relatos budistas. Pero
tan pronto como el Maestro les abandonó físicamente, a pesar de que eran iniciados y
tenían acceso a la experiencia del Conocimiento, pronto el intelecto comenzó a enredarse
con la prolífera información espiritual que el Maestro les había legado, hasta que
comenzó a perder su simpleza original, sofisticándose cada vez más convirtiéndose en
lo que hoy se conoce como el Zen.
Todas las religiones del mundo están constituidas por tres elementos, que ordenados
de acuerdo a su importancia son:
1.° Principios
2.° Mitología
3.º Ceremonias
1.° Los Principios fundamentales de cualquier religión se pueden resumir en uno
solo: Unir al hombre con Dios (re-ligere, en latín: reunir). Siendo además un factor
común a todas las religiones del mundo, naturalmente no por coincidencia. Este principio
básico es el Conocimiento Unitivo, la experiencia directa de Dios que es revelada
por el Maestro Perfecto vivo de la época, y aquí es donde aparece el segundo estrato.
2.° La Mitología la constituyen todos los relatos, historias y leyendas que describen
o tratan de describir la gloria del Maestro que reveló aquel Principio a los hombres
que se acercaron a El con humildad y le reconocieron. A pesar de que estos relatos
posiblemente son experiencias verídicas que tuvieron aquellos iniciados, con el tiempo,
después que el Maestro los deje, desapareciendo con Él la Fuente de la experiencia,
sólo quedan sus discípulos, y cuando éstos desaparecen, tan sólo quedan los seguidores
no iniciados y las escrituras, lo cual degenera inevitablemente, convirtiéndose en un
Mito.
3.° Las Ceremonias son, al igual que la Mitología, los residuos ya vacíos de algo
que en su día tuvo un contenido. Pues los discípulos a quienes les fue revelada esa experiencia
interior y experimentaron sus beneficios, mostraron su agradecimiento al
Maestro en formas de acuerdo a su cultura, sus creencias y la tradición de esa época, y
esto daba origen a una serie de ceremonias que fue lo único que pudieron heredar
aquellos neófitos no iniciados, los cuales imitaban las ceremonias apoyándose al tiempo
en las enseñanzas legadas en las escrituras que, al carecer de la experiencia de la

Gracia del Maestro ya desaparecido, se convertían en pura moral dogmática que les
decía lo que se debe hacer y lo que no, incapaz de hacerles transcender esa dualidad, ni
de elevar sus conciencias hasta unirlas con el Uno.
Y desgraciadamente, esto es todo lo que queda hoy en las llamadas religiones: Mitología
y Ceremonias. Si no está el Maestro que revele el Principio Universal que han
revelado todos los Maestros de la antigüedad y de donde han surgido todas las religiones;
están vacías y no cumplen su propósito.
En cualquiera de los casos, las escrituras no son suficiente para alcanzar la experiencia
directa de Dios, ni la iluminación, aunque sea la mejor de todas ellas.
En el mismo Gita dice Krishna:
“Aquél que de verdad desea conocer el Yoga va más allá de las palabras de
los libros.”
Bhagavad Gita, 6-44
“Para un sabio dotado de Visión Espiritual, los Vedas tienen tanta utilidad
como un pozo que ha sido cubierto por una inundación.”
Bhagavad Gita, 246
También Jesús decía:
“Las escrituras son letra muerta. ¿Por qué no venís a Mí que soy la Fuente
de la Vida?”
Y todos los Maestros han dicho lo mismo, aunque quizá con palabras diferentes:
sólo a través del Conocimiento interior de Dios que revela el Maestro Perfecto vivo, se
puede alcanzar la liberación, el Reino de los Cielos, la Morada de Brahman, el Nirvana,
o como se le quiera llamar. En esta misma vida y sin necesidad de llegar a la
muerte física.
Las Escrituras tan sólo cumplen el papel de señales indicatorias. Todas apuntan a
un mismo punto: «busca al Maestro Perfecto vivo y entrégale tu vida cuando le encuentres,
pídele que te revele el Conocimiento de Dios y refúgiate en Su Gracia».
Éste es, en definitiva, el mensaje central del Gita, en torno al cual gira el diálogo
entre Krishna y Arjuna recogido en un poema, escrito en prosa poética de una dulzura incomparable y una sabiduría serena y envolvente, propia de quien está en unión con
Dios.
Benditos sean los sabios que leyendo esto discriminen y los ignorantes que oyendo
estos versos despierten.

Julio Padilla
< Anterior   Siguiente >