| José Asunción Silva: Antología Poética |
| Escrito por José Asunción Silva | |
Antología PoéticaJosé Asunción Silva Oh dulce niña pálida, que como un montón de oro de tu inocencia cándida conservas el tesoro; a quien los más audaces, en locos devaneos jamás se han acercado con carnales deseos; tú, que adivinar dejas inocencias extrañas en tus ojos velados por sedosas pestañas, y en cuyos dulces labios -abiertos sólo al rezo- jamás se habrá posado ni la sombra de un beso...NOCTURNOS A VECES, CUANDO EN ALTA NOCHE A veces, cuando en alta noche tranquila, sobre las teclas vuela tu mano blanca, como una mariposa sobre una lila y al teclado sonoro notas arranca, cruzando del espacio la negra sombra filtran por la ventana rayos de luna, que trazan luces largas sobre la alfombra, y en alas de las notas a otros lugares, vuelan mis pensamientos, cruzan los mares, y en gótico castillo donde en las piedras musgosas por los siglos, crecen las yedras, puestos de codos ambos en tu ventana miramos en las sombras morir el día y subir de los valles la noche umbría y soy tu paje rubio, mi castellana, y cuando en los espacios la noche cierra, el fuego de tu estancia los muebles dora, y los dos nos miramos y sonreímos mientras que el viento afuera suspira y llora! ··················································· ¡Cómo tendéis las alas, ensueños vanos, cuando sobre las teclas vuelan sus manos! POETA, DI PASO Poeta!, di paso los furtivos besos!... ¡La sombra! ¡Los recuerdos! La luna no vertía allí ni un solo rayo... Temblabas y eras mía Temblabas y eras mía bajo el follaje espeso, una errante luciérnaga alumbró nuestro beso, el contacto furtivo de tus labios de seda... La selva negra y mística fue la alcoba sombría... En aquel sitio el musgo tiene olor de reseda... Filtró luz por las ramas cual si llegara el día, entre las nieblas pálidas la luna aparecía... Poeta, di paso los íntimos besos! ¡Ah, de las noches dulces me acuerdo todavía! En señorial alcoba, do la tapicería amortiguaba el ruido con sus hilos espesos desnuda tú en mis brazos fueron míos tus besos; tu cuerpo de veinte años entre la roja seda, tus cabellos dorados y tu melancolía tus frescuras de virgen y tu olor de reseda... Apenas alumbraba la lámpara sombría los desteñidos hilos de la tapicería. Poeta, di paso el último beso! ¡Ah, de la noche trágica me acuerdo todavía! El ataúd heráldico en el salón yacía, mi oído fatigado por vigilias y excesos, sintió como a distancia los monótonos rezos! Tú, música, yerta y pálida entre la negra seda, la llama de los cirios temblaba y se movía, perfumaba la atmósfera un olor de reseda, un crucifijo pálido los brazos extendía y estaba helada y cárdena tu boca que fue mía! UNA NOCHE Una noche una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas, Una noche en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas, a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda, muda y pálida como si un presentimiento de amarguras infinitas, hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara, por la senda que atraviesa la llanura florecida caminabas, y la luna llena por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca, y tu sombra fina y lángida y mi sombra por los rayos de la luna proyectada sobre las arenas tristes de la senda se juntaban. Y eran una y eran una y eran una sola sombra larga! y eran una sola sombra larga! y eran una sola sombra larga! Esta noche solo, el alma llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte, separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia, por el infinito negro, donde nuestra voz no alcanza, solo y mudo por la senda caminaba, y se oían los ladridos de los perros a la luna, a la luna pálida y el chillido de las ranas, sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas, entre las blancuras níveas de las mortüorias sábanas! Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte, Era el frío de la nada... Y mi sombra por los rayos de la luna proyectada, iba sola, iba sola ¡iba sola por la estepa solitaria! Y tu sombra esbelta y ágil fina y lánguida, como en esa noche tibia de la muerta primavera, como en esa noche llena de perfumes, de [murmullos y de músicas de alas, se acercó y marchó con ella, se acercó y marchó con ella, se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas! ¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las [noches de negruras y de lágrimas!... MIDNIGHT DREAMS Anoche, estando solo y ya medio dormido, mis sueños de otras épocas se me han aparecido. Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrías y de felicidades que nunca han sido mías, se fueron acercando en lentas procesiones y de la alcoba oscura poblaron los rincones hubo un silencio grave en todo el aposento y en el reloj la péndola detúvose al momento. La fragancia indecisa de un olor olvidado, llegó como un fantasma y me habló del pasado. Vi caras que la tumba desde hace tiempo esconde, y oí voces oídas ya no recuerdo dónde. ································································· Los sueños se acercaron y me vieron dormido, se fueron alejando, sin hacerme ruido y sin pisar los hilos sedosos de la alfombra y fueron deshaciéndose y hundiéndose en la sombra. LUZ DE LUNA Ella estaba con él... A su frente pensativa y pálida, penetrando al través de las rejas de antigua ventana de la luna naciente venían los rayos de plata, él estaba a sus pies, de rodillas, perdido en las vagas visiones que cruzan en horas felices los cielos del alma! Con las trémulas manos asidas, con el mudo fervor de los que aman, palpitanto en los labios los besos, entrambos hablaban el lenguaje mudo sin voz ni palabras que en momentos de dicha suprema, tembloroso el espíritu habla... ··············································· El silencio que crece... la brisa que besa las ramas, dos seres que tiemblan, la luz de la luna que el paisaje baña, ¡amor un instante detén allí el vuelo, murmura tus himnos de triunfo y recoge las alas! ················································ Unos meses después, él dormía bajo de una lápida el último sueño de que nadie vuelve el último sueño de paz y de calma. ················································ Anoche, una fiesta con su grato bullicio animaba de ese amor el tranquilo escenario. ¡Oh burbujas del rubio champaña! ¡Oh perfume de flores abiertas! ¡Oh girar de desnudas espaldas! ¡Oh cadencias del valse que mueve torbellinos de tules y gasas! Allí estuvo, más linda que nunca, por el baile tal vez agitada se apoyó levemente en mi brazo, dejamos las salas y un instante después penetramos en la misma estancia que un año antes no más la había visto temblando callada, cerca de él!... ...Amorosos recuerdos, tristezas lejanas, cariñosas memorias que vibran, como sones de arpa, tristezas profundas del amor, que en sollozos estallan, presión de sus manos, són de sus palabras, calor de sus besos, ¿por qué no volvisteis a su alma?... ················································ A su pecho no vino un suspiro a sus ojos no vino una lágrima ni una nube nubló aquella frente pensativa y pálida y mirando los rayos de luna que al través de la reja llegaban, murmuró con su voz donde vibran, como notas y cantos y músicas de campanas vibrantes de plata: qué valses tan lindos! ¡qué noche tan clara! TRISTE Cuando al quererlo la suerte se mezclan a nuestras vidas, de la ausencia o de la muerte, las penas desconocidas, y, envueltos en el misterio van, con rapidez que asombra, amigos al cementerio, ilusiones a la sombra, la intensa voz de ternura que vibra en el alma amante como entre la noche oscura una campana distante, saca recuerdos perdidos de angustias y desengaños que tienen ocultos nidos en las ruinas de los años. Y que al cruzar aleteando por el espacio sombrío van en el ser derramando sueños de angustia y de frío hasta que alguna lejana, idea consoladora, que irradia en el alma humana como con lumbre de aurora, en su lenguaje difuso entabla con nuestros duelos el gran diálogo confuso de las tumbas y los cielos. MADRIGAL Tu tez rosada y pura; tus formas gráciles de estatua de Tanagra; tu olor de lilas; el carmín de tu boca de labios tersos; las miradas ardientes de tus pupilas; el ritmo de tu paso; tu voz velada; tus cabellos que suelen, si los despeina tu mano blanca y fina, toda hoyuelada, cubrirte con un rico manto de reina; tu voz, tus ademanes, tú... no te asombre: todo eso está, ya a gritos, pidiendo un hombre. EGALITÉ Juan Lanas, el mozo de esquina, es absolutamente igual al Emperador de la China: los dos son el mismo animal. Juan Lanas cubre su pelaje con nuestra manta nacional; el gran magnate lleva un traje de seda verde excepcional. Del uno cuidan cien dragones de porcelana y de cristal; Juan Lanas carga maldiciones y gruesos fardos por un real, pero si alguna mandarina siguiendo el instinto sexual al Emperador se avecina en el traje tradicional que tenía nuestra madre Eva en aquella tarde fatal en que se comieron la breva del árbol del Bien y del Mal, y si al mismo Juan una Juana se entrega por modo brutal y palpita la bestia humana en un solo espasmo sexual, Juan Lanas, el mozo de esquina, es absolutamente igual al Emperador de la China: los dos son el mismo animal. NOCTURNO Oh dulce niña pálida, que como un montón de oro de tu inocencia cándida conservas el tesoro; a quien los más audaces, en locos devaneos jamás se han acercado con carnales deseos; tú, que adivinar dejas inocencias extrañas en tus ojos velados por sedosas pestañas, y en cuyos dulces labios -abiertos sólo al rezo- jamás se habrá posado ni la sombra de un beso... Dime quedo, en secreto, al oído, muy paso, con esa voz que tiene suavidades de raso: si entrevieras en sueños a aquél con quien tú sueñas tras las horas de baile rápidas y risueñas, y sintieras sus labios anidarse en tu boca y recorrer tu cuerpo, y en su lascivia loca besar todos sus pliegues de tibio aroma llenos y las rígidas puntas rosadas de tus senos; si en los locos, ardientes y profundos abrazos agonizar soñaras de placer en sus brazos, por aquel de quien eres todas las alegrías, ¡oh dulce niña pálida!, di, ¿te resistirías?... LAS ONDINAS En la región oculta de las ninfas El sesgo rayo a penetrar alcanza Y alumbra al pie de despeñadas linfas De las ondinas la nocturna danza. DIEGO FALLÓN, La Luna Es la hora en que los muertos se levantan mientras que duerme el mundo de los vivos, en que el alma abandona el frágil cuerpo y sueña con lo santo y lo infinito ····························································· Vierte la luna plateados rayos que reflejan las ondas en el río y que iluminan, con sus tintes vagos los medrosos despojos de un Castillo. Todo es silencio allí, do en otro tiempo hubo bullicio y locas alegrías... ¡Pero mirad! son vaporosas sombras las que en la oscura selva se deslizan. ¡Ah! no temáis no son aterradores fantasmas de otros tiempos -son ondinas; mirad cómo se abrazan y confunden cómo raudas por el aire giran, apenas tocan con el pie ligero del prado la mullida superficie. Ya se avanzan... girando en la espesura o se sumergen en las ondas límpidas; y al compás de una música que suena como el lejano acorde una lira elévanse, empujadas por el leve viento que sus cabellos acaricia... Pero callad... alumbra el horizonte con sus primeros tintes nuevo día, y las sombras se pierden al borrarse del bosque entre las húmedas neblinas. Agosto de 1880 SUSPIRO a A. de W. Si en tus recuerdos ves algún día entre la niebla de lo pasado surgir la triste memoria mía medio borrada ya por los años, piensa que fuiste siempre mi anhelo y si el recuerdo de amor tan santo mueve tu pecho; nubla tu cielo, llena de lágrimas tus ojos garzos; ¡ah! no me busques aquí en la tierra donde he vivido, donde he luchado, sino en el reino de los sepulcros donde se encuentran paz y descanso! Junio 2 de 1881 ADRIANA Double virginité Corps où rien n'est immonde Ame où rien n'est impure. VICTOR HUGO Feuilles d'automne. Noble como la cándida adorada del inmortal poeta florentina, corona de la frente inmaculada el dorado cabello que sobre el hombro flota en blondos rizos, perdida en el espacio la mirada como se pierde en su conjunto bello la de aquél que contempla sus hechizos. Hay infinita luz que reverbera en el azul de sus divinos ojos cual de limpio zafiro en los cristales. Una expresión de majestad serena de pudor y recato virginales vela la gracia de sus labios rojos, y es a la vez misterïoso encanto, lumbre, murmullo, vibración y canto! Su voz tiene las notas armoniosas de la del ave que en blando nido de su impotencia de volar se queja, llena de suavidad, llena de calma su cariñosa frase siempre deja una estela de perlas en el alma. Tiene la delicada transparencia de las húmedas hojas de las lilas y ni una leve mancha en la conciencia y ni una leve sombra en las pupilas. Es una reunión encantadora de lo más dulce que la vida encierra a los rosados rayos de la aurora hecha, del aire en los azules velos, con lo más delicado de la tierra y lo más delicado de los cielos! Septiembre de 1882 - 15. IDILIO Sencilla y grata vida de la aldea levantarse al nacer de la mañana cuando su luz en la extensión clarea y se quiebra en la cúpula lejana, vagar a la ventura en el boscaje... Espiar en los recodos del camino el momento en que el ave enamorada oculta en el follaje sus esperanzas y sus dichas canta. En rústica vasija coronada de espuma libar la leche, contemplar la bruma que en el fondo del valle se levanta, el aire respirar embalsamado con los suaves olores de la savia y las flores, tomar fuerza en la calma majestuosa donde la vida universal germina, en ignotos lugares que no ha hollado la vana muchedumbre en el bosque de cedros seculares del alto monte en la empinada cumbre; después, tranquilamente bañarse en el remanso de la fuente. Con el rural trabajo que a los músculos da fuerza de acero y que las fuentes abre de riqueza endurecer el brazo fatigado y devolverle calma a la cabeza, sin fatigas, sin penas, sin engaños dejar correr los años y en la postrera descansar, no en lujoso monumento sino bajo el follaje del verde sauce a su tranquila sombra, cabe la cruz piadosa. ARMONÍAS A M. Valenzuela. Cual la naturaleza de la que forma parte y es fiel copia el alma humana tiene ocultas fuerzas silencios, luces, músicas y sombras. Vagas nieblas también... las ilusiones que el paisaje embellecen cuando brillan y que desaparecen cuando asomas, sol de la realidad que las disipas... Y como en sucesión jamás turbada todo nace en la tierra y todo muere, en el mundo ideal de los espíritus rigen eternas, semejantes leyes: brotan sobre las tumbas de los muertos las flores, mensajeras de alegría; sobre la tumba de un amor llorado brotan ensueños de tristeza mística. Octubre 27 de 1882 REALIDAD a M... En el dulce reposo de la tarde cuando al ponerse el sol en occidente su luz dorada, de la vida fuente, como una hoguera en los espacios arde, o de la noche en el silencio umbrío cuando la luna con fulgor de plata alumbra a trechos el sonante río y en sus límpidas ondas se retrata, entre las sombras de la vida hay horas en que la realidad que nos circuye a detener el ímpetu no alcanza de nuestra alma que a lo lejos huye y a la región de lo ideal se lanza... Y entonces cuando pienso en tus amores nuestras dos vidas deslizarse veo no cual la realidad que aja sus flores sino cual la ilusión de tu deseo. No por las conveniencias separados, soñando tú conmigo, yo en tus sueños, sino juntos los dos en los collados de la Arcadia risueños; asidos por las manos a lo lejos buscando el fin de la campiña amena a los pálidos rayos de la luna. O del ardiente sol a los reflejos, dejando transcurrir una por una las no cantadas horas venturosas que no mancha la sombra de una pena libando amor... y deshojando rosas... Del verdor y del musgo en lo sombrío ocultos en lo ignoto del boscaje radiante aún de gotas de rocío de virgen fuerza y de vigor salvaje; sentados a la orilla del torrente tú escuchando los ecos del follaje yo acariciando -trémula la mano- tus rizos al caer sobre tu frente... ························································ Otras veces trayendo a la memoria los fantasmas de un tiempo ya pasado junto con ellos cual sencilla historia los ideales de tu amor soñado. Y es entonces un gótico castillo de altivas torres de musgosas piedras en cuyo muro gris crecen las hiedras teatro de nuestro amor santificado. Y en reducida y perfumada estancia cuyos tapices abrillanta y dora el fuego de la antigua chimenea, juntos los dos oímos a distancia diciéndonos protestas de ternura la voz del agua que al perderse llora y el viento que en los árboles cimbrea entre el silencio de la noche oscura. O en frágil barca en plácida mañana de lago azul flotando en los cristales con la mirada errantes contemplamos el cielo, la ribera, los juncales, y las nieblas que inciertas, vaporosas, van a perderse en la región lejana como se pierda la esperanza humana o el postrimer aroma de las rosas. Mas cuando el alma en sus ensueños flota, la realidad asoma de improviso no más resuena la encantada nota... Brotan espinas do la rosa brota, y en crüel se torna el paraíso. Vuelvo a mirar... y pienso que nacimos para vivir por siempre separados, que no es una la senda que seguimos y que la lumbre que cercana vimos fue visión de tu amor y tus cuidados. Y al comparar la realidad penosa con los paisajes de ideal que miro en el fondo del alma lastimosa para tu dulce amor -niña piadosa- para tu dulce amor surge un suspiro. Octubre 24 de 1882 CREPÚSCULO En la tarde, en las horas del divino crepúsculo sereno, se pueblan de tinieblas los espacios y las almas de sueños. Sobre un fondo de tonos nacarados la silueta del templo las altas tapias del jardín antiguo y los árboles negros, cuyas ramas semejan un encaje movidas por el viento se destacan oscuras, melancólicas como un extraño espectro! En estas horas de solemne calma vagan los pensamientos y buscan a la sombra de lo ignoto la quietud y el silencio. Se recuerdan las caras adoradas de los queridos muertos que duermen para siempre en el sepulcro y hace tanto no vemos. Bajan sobre las cosas de la vida las sombras de lo eterno y las almas emprenden su viaje al país del recuerdo. También vamos cruzando lentamente de la vida el desierto también en el sepulcro helada sima más tarde dormiremos. Que en la tarde, en las horas del divino crepúsculo sereno se pueblan de tinieblas los espacios y las almas de sueños! Diciembre 14 de 1882. A ADRIANA Mientras que acaso piensa tu tristeza en la patria distante y sientes frío al mirar donde estás, y el desvarío de la fiebre conmueve tu cabeza, yo soñando en tu amor y en tu belleza, amor jamás por mi desgracia mío de la profundidad de mi alma, envío a la pena un saludo de terneza. Si cuando va mi pensamiento errante a buscarte en parejas de otro mundo con la nostalgia se encontrara a solas sobre las aguas de la mar gigante entre el cielo purísimo y profundo y el vaivén infinito de las olas. Abril 11 [de] 1883. MELANCOLÍA De todo lo velado, tenue, lejana y misteriosa surge vaga melancolía que del ideal al cielo nos conduce. He mirado reflejos de ese cielo en la brillante lumbre con que ahuyenta las sombras, la mirada de sus ojos azules. Leve cadena de oro que una alma a otra alma con sus hilos une oculta simpatía, que en lo profundo de lo ignoto bulle, y que en las realidades de la vida se pierde y se consume cual se pierde una gota de rocío sobre las yerbas que el sepulcro cubren. Abril 24 [de] 1883. CREPÚSCULO Tableau mistérieux que la vue offre à la pensée. CHARLES NODIER. Es la hora de misterio en que el labriego al resonar del Ángelus el toque adiós que dice al moribundo día, la campanada bronca, en su casita blanca, a lento paso humilde se recoge. Es la hora en que las nubes del poniente de fuego orlan las tardes, en que el sol de los muertos ilumina los prados y los bosques, y el ángel de la tarde a Dios conduce las mudas oraciones, es la hora en que levantan de los lagos las nieblas sin colores, como del fondo oscuro del espíritu los coros de visiones en que es feéricos cuentos invocados o en relatos informes tornaban a las estancias de los niños los duendes protectores, es la hora de dulcísima armonía y de místicas voces, en que al través de nieblas y de brumas, ansiosa el alma torna a los felices días de la infancia que pasaron veloces, es la hora en que la brisa entre los árboles tiene vagos rumores, es la hora en que la vida se adormece al beso de la noche. Julio 5 - 1883. LA VENTANA Oh temps évanouis! O splendeur éclipsées, Oh soleils descendus derrière l'horizon! VICTOR HUGO Al frente de un balcón, blanco y dorado, obra de nuestro siglo diez y nueve hay en la estrecha calle una muy vieja ventana colonial. Bendita rama adorna la gran reja, de barrotes de hierro colosales, que tiene en lo más alto un monograma hecho de incomprensibles iniciales. A la lumbre postrera del sol en occidente, ¿quién no espera, mirar allí, sombría, medio perdida en la rizada gola, la cabeza severa de algún oidor, o los oscuros ojos de una dama española de nacarada tez y labios rojos, que al venir de la hermosa Andalucía a la colonia nueva el germen de letal melancolía por el recuerdo de la patria lleva? ¡Pero no, ni las sombras le han quedado de los que vio perderse en el pasado; loca turba infantil la invade ahora, uno ríe, otro llora; a la palma bendita la niña arranca retejida rama, y mientras uno al compañero llama con incansable afán el otro grita. No guarda su memoria de la ventana la vetusta historia y sólo en ella fija la atención el poeta, para quien tienen una voz secreta los líquenes grisosos que al nacer en la estatua alabastrina, del beso de los siglos son señales, y a quien narran poemas misteriosos las sombras de las viejas catedrales! Hoy hace más de un siglo, ha muchos años, ella escuchó la cántiga española que tristes desengaños, o desventuras amorosas narra de la alta noche en la quietud serena, acompañada en la gentil guitarra, por noble caballero a quien tornara con la estrofa grata el recuerdo de alegre serenata dada en la aristocrática Sevilla, cabe el Guadalquivir, do en claras noches la calada Giralda se retrata y la luz de la luna limpia brilla. La brisa, dulce y leve, como las vagas formas del deseo, llevó al pasar por los barrotes duros, aroma de azahares y de lirios, en las risueñas fiestas de himeneo, juramentos de amor, santos y puros, de mortuörios cirios el triste olor, las plácidas historias, conque la noble abuela al rubio nieto adormeció en la cuna y la oración que hacia los cielos vuela suave como los rayos de la luna. Inútil, allí, a solas, ella miró pasar generaciones, como pasan, con raudo movimiento, sobre la playa las marinas olas en la sombra los coros de visiones y las aristas leves en el viento; y ora mira la turba de los niños de risueñas mejillas sonrosadas, que al asomar tras de la fuerte reja sonriente semeja un ramo de camelias encarnadas! ¡Ay! todo pasará, -niñez risueña, juventud sonrïente, edad viril que en el futuro sueña, vejez llena de afán... ... Tal vez mañana, cuando de aquellos niños queden sólo las ignotas y viejas sepulturas aún tenga el mismo sitio la ventana. Agosto 1º de 1883. AL OÍDO DEL LECTOR No fue pasión aquello, fue una ternura vaga lo que inspiran los niños enfermizos, los tiempos idos y las noches pálidas. El espíritu solo al conmoverse canta: cuando el amor lo agita poderoso tiembla, medita, se recoge y calla. Pasión hubiera sido en verdad; estas páginas en otro tiempo más feliz escritas no tuvieran estrofas sino lágrimas. JUNTOS LOS DOS Juntos los dos reímos cierto día... ¡Ay, y reímos tanto que toda aquella risa bulliciosa se tornó pronto en llanto! Después, juntos los dos, alguna noche, reímos mucho, tanto, que quedó como huella de las lágrimas un misterioso encanto! Nacen hondos suspiros, de la orgía entre las copas cálidas y en el agua salobre de los mares, se forjan perlas pálidas! VEJECES Las cosas viejas, tristes, desteñidas, sin voz y sin color, saben secretos de las épocas muertas, de las vidas que ya nadie conserva en la memoria, y a veces a los hombres, cuando inquietos las miran y las palpan, con extrañas voces de agonizante dicen, paso, casi al oído, alguna rara historia que tiene oscuridad de telarañas, són de laúd, y suavidad de raso. ¡Colores de anticuada miniatura, hoy, de algún mueble en el cajón, dormida; cincelado puñal; carta borrosa, tabla en que se deshace la pintura por el tiempo y el polvo ennegrecida; histórico blasón, donde se pierde la divisa latina, presuntuosa, medio borrada por el liquen verde; misales de las viejas sacristías; de otros siglos fantásticos espejos que en el azogue de las lunas frías guardáis de lo pasado los reflejos; arca, en un tiempo de ducados llena, crucifijo que tanto moribundo, humedeció con lágrimas de pena y besó con amor grave y profundo; negro sillón de Córdoba; alacena que guardaba un tesoro peregrino y donde anida la polilla sola; sortija que adornaste el dedo fino de algún hidalgo de espadín y gola; mayúsculas del viejo pergamino; batista tenue que a vainilla hueles; seda que te deshaces en la trama confusa de los ricos brocateles; arpa olvidada que al sonar, te quejas; barrotes que formáis un monograma incomprensible en las antiguas rejas, el vulgo os huye, el soñador os ama y en vuestra muda sociedad reclama las confidencias de las cosas viejas! El pasado perfuma los ensueños con esencias fantásticas y añejas y nos lleva a lugares halagüeños en épocas distantes y mejores, por eso a los poetas soñadores, les son dulces, gratísimas y caras, las crónicas, historias y consejas, las formas, los estilos, los colores las sugestiones místicas y raras y los perfumes de las cosas viejas! ?... Estrellas que entre lo sombrío, de lo ignorado y de lo inmenso, asemejáis en el vacío, jirones pálidos de incienso, nebulosas que ardéis tan lejos en el infinito que aterra que sólo alcanzan los reflejos de vuestra luz hasta la tierra, astros que en abismos ignotos derramáis resplandores vagos, constelaciones que en remotos tiempos adoraron los Magos, millones de mundos lejanos, flores de fantástico broche, islas claras en los oceanos, sin fin, ni fondo de la noche, estrellas, luces pensativas! estrellas, pupilas inciertas! ¿Por qué os calláis si estáis vivas y por que alumbráis si estáis muertas?... LAS VOCES SILENCIOSAS ¡Oh voces silenciosas de los muertos! Cuando la hora muda y vestida de fúnebres crespones, desfilar haga ante mis turbios ojos sus fantasmas inciertos, sus pálidas visiones... ¡Oh voces silenciosas de los muertos! En la hora que aterra no me llaméis hacia el pasado oscuro, donde el camino de la vida cruza los valles de la tierra. ¡Oh voces silenciosas de los muertos! Llamadme hacia la altura donde el camino de los astros corta la gélida negrura; hacia la playa donde el alma arriba, llamadme entonces, voces silenciosas, ¡hacia arriba!... ¡hacia arriba!... ENFERMEDADES DE LA NIÑEZ A una boca vendida, a una infame boca, cuando sintió el impulso que en la vida a locuras supremas nos provoca, dio el primer beso, hambriento de ternura en los labios sin fuerza, sin frescura. No fue como Romeo al besar a Julieta; el cuerpo que estrechó cuando el deseo ardiente aguijoneó su carne inquieta, fue el cuerpo vil de vieja cortesana, Juana incansable de la tropa humana. Y el éxtasis divino que soñó con delicia lo dejó melancólico y mohíno al terminar la lúbrica caricia. Del amor no sintió la intensa magia y consiguió... una buena blenorragia. CRISÁLIDAS Cuando enferma la niña todavía salió cierta mañana y recorrió, con inseguro paso la vecina montaña, trajo, entre un ramo de silvestres flores oculta una crisálida, que en su aposento colocó, muy cerca de la camita blanca... ................................................................. Unos días después, en el momento en que ella expiraba, y todos la veían, con los ojos nublados por las lágrimas, en el instante en que murió, sentimos leve rumor de älas y vimos escapar, tender al vuelo por la antigua ventana que da sobre el jardín, una pequeña mariposa dorada... ................................................................. La prisión, ya vacía, del insecto busqué con vista rápida; al verla vi de la difunta niña la frente mustia y pálida, y pensé ¿si al dejar su cárcel triste la mariposa alada, la luz encuentra y el espacio inmenso, y las campestres auras, al dejar la prisión que las encierra qué encontrarán las almas? CREPÚSCULO Junto a la cuna aún no está encendida la lámpara tibia, que alegra y reposa, y se filtra opaca, por entre cortinas de la tarde triste la luz azulosa. Los niños cansados suspenden los juegos, de la calle vienen extraños ruïdos, en estos momentos, en todos los cuartos, se van despertando los duendes dormidos. La sombra que sube por los cortinajes, para los hermosos oyentes pueriles, se puebla y se llena con los personajes de los tenebrosos cuentos infantiles. Flota en ella el pobre Rin Rin Renacuajo, corre y huye el triste Ratoncito Pérez, y la entenebrece la forma del trágico Barba Azul, que mata sus siete mujeres. En unas distancias enormes e ignotas, que por los rincones oscuros suscita, andan por los prados el Gato con Botas, y el Lobo que marcha con Caperucita. Y, ágil caballero, cruzando la selva, do vibra el ladrido fúnebre de un gozque, a escape tendido va el Príncipe Rubio a ver a la Hermosa Durmiente del Bosque. ................................................................ Del infantil grupo se levanta leve argentada y pura, una vocecilla, que comienza: "Entonces se fueron al baile y dejaron sola a la Cenicentilla! Se quedó la pobre triste en la cocina, de llanto de pena nublados los ojos, mirando los juegos extraños que hacían en las sombras negras los carbones rojos. Pero vino el Hada que era su madrina, le trajo un vestido de encaje y crespones, le hizo un coche de oro de una calabaza, convirtió en caballos unos seis ratones, le dio un ramo enorme de magnolias [húmedas, unos zapaticos de vidrio, brillantes, y de un solo golpe de la vara mágica las cenizas grises convirtió en diamantes!" ................................................................ Con atento oído las niñas la escuchan, las muñecas duermen, en la blanda alfombra medio abandonadas, y en el aposento la luz disminuye, se aumenta la sombra! ................................................................ ¡Fantásticos cuentos de duendes y hadas, llenos de paisajes y de sugestiones, que abrís a lo lejos amplias perspectivas a las infantiles imaginaciones! Cuentos que nacisteis en ignotos tiempos y que vais, volando, por entre lo oscuro, desde los potentes Aryos primitivos, hasta las enclenques razas del futuro. Cuentos que repiten sencillas nodrizas muy paso, a los niños, cuando no se duermen, y que en sí atesoran del sueño poético el íntimo encanto, la esencia y el germen. Cuentos más durables que las convicciones de graves filósofos y sabias escuelas, y que rodeasteis con vuestras ficciones, Las cunas doradas de las bisabuelas. ¡Fantásticos cuentos de duendes y hadas que pobláis los sueños confusos del niño, el tiempo os sepulta por siempre en el alma y el hombre os evoca, con hondo cariño! MUERTOS En los húmedos bosques, en otoño, al llegar de los fríos, cuando rojas, vuelan sobre los musgos y las ramas en torbellinos, las marchitas hojas, la niebla al extenderse en el vacío le da al paisaje mustio un tono incierto y el follaje do huyó la savia ardiente tiene un adiós para el verano muerto y un color opaco y triste como el recuerdo borroso de lo que fue y ya no existe. En los antiguos cuartos hay armarios que en el rincón más íntimo y discreto, de pasadas locuras y pasiones guardan, con un aroma de secreto, viejas cartas de amor, ya desteñidas que obligan a evocar tiempos mejores, y ramilletes negros y marchitos, que son como cadáveres de flores y tienen un olor triste como el recuerdo borroso de lo que fue y ya no existe. Y en las almas amantes cuando piensan en perdidos afectos y ternuras que de la soledad de ignotos días no vendrán a endulzar horas futuras, hay el hondo cansancio que en la lucha, acaba de matar a los heridos, vago como el color del bosque mustio como el olor de los perfumes idos, y el cansancio aquél es triste como el recuerdo borroso de lo que fue y ya no existe! IDILIO -Ella lo idolatró y Él la adoraba... -Se casaron al fin? -No, señor, Ella se casó con otro -¿Y murió de sufrir? -No, señor, de un aborto. -¿Y Él, el pobre, puso a su vida fin? -No, señor, se casó seis meses antes del matrimonio de Ella, y es feliz. ESTRELLAS FIJAS Cuando ya de la vida el alma tenga, con el cuerpo, rota, y duerma en el sepulcro esa noche, más larga que las otras, mis ojos, que en recuerdo del infinito eterno de las cosas, guardaron sólo, como de un ensueño, la tibia luz de tus miradas hondas, al ir descomponiéndose entre la oscura fosa, verán, en lo ignorado de la muerte, tus ojos, ... destacándose en las sombras. LA CALAVERA En el derruído muro de la huerta del convento, en un agujero oscuro donde, al pasar, silba el viento, y, como una dolorida queja a las piedras arranca, hay, en el fondo, escondida una calavera blanca. De algún fraile soñador de vida ejemplar y bella y dedicada al Señor, en el mundo única huella. Abre los ojos, sin fondo, como a visiones extrañas, y del vacío en lo hondo forjan telas las arañas. Húmedo musgo grisoso recubre la antigua grieta, donde, en supremo reposo, descansa ignorada y quieta. Pero hasta aquella escondida mansión la brisa ligera lleva murmullos de vida y olores de primavera. Golondrinas, que en sus marchas dejaron el patrio río, huyendo de las escarchas, de las brumas y del frío, cuando la luz del Poniente filtra por el hondo hueco y hace parecer viviente el cráneo rígido y seco, desde las negras ruïnas, alzan sosegado vuelo, en sus vueltas peregrinas tocan las ramas y el suelo, como buscando en el prado, ya por la tarde, sombrío, el espíritu elevado que habitó el cráneo vacío. A UN PESIMISTA Hay demasiada sombra en tus visiones, algo tiene de plácido la vida, no todo en la existencia es una herida donde brote la sangre a borbotones. La lucha tiene sombra, y las pasiones agonizantes, la ternura huída, todo lo amado que al pasar se olvida es fuente de angustiosas decepciones. Pero, ¿por qué dudar, si aún ofrecen en el remoto porvenir oscuro calmas hondas y vívidos cariños la ternura profunda, el beso puro y manos de mujer, que amantes mecen las cunas sonrosadas de los niños? Brienz, 1885 SINFONÍA COLOR DE FRESA CON LECHE A los colibríes decadentes Rítmica Reina lírica! Con venusinos cantos de sol y rosa, de mirra y laca y polícromos cromos de tonos mil oye los constelados versos mirrinos, escúchame esta historia Rubendariaca, de la Princesa verde y el paje Abril, Rubio y sutil. El bizantino esmalte do irisa el rayo las purpuradas gemas; que enflora Junio si Helios recorre el cielo de azul edén, es lilial albura que esboza Mayo en una noche diáfana de plenilunio cuando las crisodinas nieblas se ven A tutiplén! En las vívidas márgenes que espuma el Cauca áureo pico, ala ebúrnea, currucuquea de sedeñas verduras bajo el dosel do las perladas ondas se esfuma glauca ¿es paloma, es estrella o azul idea?... Labra el emblema heráldico de áureo broquel Róseo rondel. Vibran sagradas liras que ensueña Psiquis son argentados cisnes hadas y gnomos y edenales olores, lirio y jazmín y vuelan entelechias y tiquismiquis de corales, tritones, memos y momos del horizonte lírico nieve y carmín Hasta el confín. Liliales manos vírgenes al son aplauden y se englaucan los líquidos y cabrillean con medievales himnos al abedul, desde arriba Orión, Venus, que Secchis lauden miran como pupilas que cintillean por los abismos húmedos del negro tul Del cielo azul. Tras de las cordilleras sombras, la blanca Selene, entre las nubes ópalo y tetras surge como argentífero tulipán y por entre lo negro que se espernanca huyen los bizantinos de nuestras letras hasta el Babel Bizancio, do llegarán Con grande afán. Rítmica Reina lírica! Con venusinos cantos de sol y rosa, de mirra y laca y polícromos cromos de tonos mil, éstos son los caóticos versos mirrinos ésta es la descendencia, Rubendariaca, de la Princesa verde y el paje Abril, Rubio y sutil! Benjamín Bibelot Ramírez. Bogotá, 6 de marzo de 1894. SUB-UMBRA a A. de W. Tú no lo sabes... mas yo he soñado entre mis sueños color de armiño, horas de dicha con tus amores besos ardientes, quedos suspiros cuando la tarde tiñe de öro esos espacios que juntos vimos, Cuando mi alma su vuelo emprende a las regiones de lo infinito aunque me olvides, aunque no me ames aunque me odies, sueño contigo! Mayo de 1881 EDENIA Melancólica y dulce cual la huella que un sol poniente deja en el azul cuando baña a lo lejos los espacios con los últimos rayos de su luz mientras tiende la noche por los cielos de la penumbra el misterioso tul. Süave como el canto que el poeta en un suspiro involuntario da, pura como las flores entreabiertas de la selva en la agreste oscuridad do detenido en las musgosas ramas no filtra un rayo de la luz solar. Mujer, toda mujer ardiente, casta alumbrada con luz de lo ideal... Radiante de virtud y de belleza como mi alma la llegó a soñar, ¿en sus sueños de cándida ternura así la encontrará? Julio de 1882. LAS NOCHES DEL HOGAR Amo las dichas del hogar sencillo Apetezco su plácido cariño Yo quiero que descanse en mis rodillas La rubia cabecita de algún niño. Regresar fatigado del trabajo de la diaria fäena e ir a mirarse en lo hondo retratado de sus pupilas negras cerca del rico piano –mientras vaga sobre las blancas teclas su mano de marfil- soñar despierto felicidad eterna. A la luz de la lámpara brillante ver las rubias cabezas de los risueños niños- de infantiles ilusiones llenos. La mirada tender sobre la cuna que cual flor entreabierta entre sus hojas perfumadas guarda una existencia nueva! ¡Oh cuadro del hogar! oh perspectiva cariñosa y risueña, cuando en el paso por el falso mundo ancha herida sangrienta, el desengaño abrió, cuando sentimos caer mustias y secas de la primera juventud las rosas, qué mortal no desea dejar en tu silencio venturoso deslizar la existencia y guardar lo divino y delicado que el alma herida encierra en tu seno feliz –como la concha lejos de las tormentas guarda en el fondo del movible océano las nacaradas perlas! Abril 4 de 1883. HUMO (De Th. Gautier.) Bajo los árboles viejos cuya sombra el suelo baña miro perdida a lo lejos una pequeña cabaña. Todo en quietud allí vese, la ventana no está abierta y el musgo grisoso crece sobre el umbral de la puerta. Cual tibio aliento aromado que el frío condensa en nube humo tenue y azulado en espiral de ella sube. Del alma que allí reposa noticias a Dios le lleva el humo que de la choza en espirales se eleva. Abril 20 [de] 1883. NOTAS PERDIDAS I Es media noche. –Duerme el mundo ahora bajo el ala de niebla del silencio vagos rayos de luna y el fulgor incierto de lámpara velada alumbran su aposento. En las teclas del piano vagan aún sus marfilinos dedos, errante la mirada dice algo que no alcanza el pensamiento. ¡Cómo perfuma el aire el blanco ramo marchito en el florero, cuán suave es el suspiro que vaga entre sus labios entreabiertos! ................................................................ ¡Adriana! ¡Adriana! de tan dulces horas guardarán el secreto tu estancia, el rayo de la luna, el vago ruïdo de tus besos, la noche silenciosa, y en mi alma el recuerdo!... II Si en vosotras algún día se fijan sus ojos bellos, ¡pobres estrofas! habladle con rumor suäve y ledo como notas de una música que oímos ha mucho tiempo, y que impregnada de aromas torna en las alas del viento. Alzada cual leve brisa besad sus blondos cabellos y penetrad en su alma y en los espacios perdeos como en la santa capilla las espirales de incienso!... III Como recuerdo de su amor sincero, recuerdo dulce y único de aquel amor suave y melancólico cual la luz del crepúsculo, guardo en un cofrecito plateado unas rosas de musgo las contemplo en mis horas de alegría, las beso cuando sufro, ¡aún guardan el perfume penetrante de los cabellos suyos! ................................................................ Cuando bajo la tierra muda y fría duerma, lejos del mundo, cuando el ramaje de movible sauce cobije mi sepulcro, sobre la piedra que mis restos vele poned el ramo mustio! IV La noche en que al dulce beso del amor, se abrió su alma caminando lentamente iba, en mi brazo apoyada. No había luna. Las estrellas vertían su luz escasa, y sobre el cielo profundo nuestros ojos contemplaban como una bruma ligera, la brillante vía láctea, ....................................... suspiró. Con voz muy queda dime, le dije, ¡te cansas! alzó la hermosa cabeza, se iluminó su mirada y murmuró. Mira dicen que es grande, inmensa la vaga bruma que brilla a lo lejos como una niebla de plata, que la forman otros mundos que están a inmensa distancia, que la luz solar invierte siglos en atravesarla, y si Dios quisiera un día a ti y a mí darnos alas esa distancia infinita feliz, contigo cruzara! Bajo la noble cabeza desvió la viva mirada y dijo paso –de nuevo me preguntabas "te cansas"! V ¡Pobre! junto del hombre aquel, su vida fue como un rayo del estivo sol, que se pierde en un caos de neblinas sin forma ni color. ................................................................ Las veces en que, en horas de tristeza, las sombras de otros tiempos evocó y el recuerdo feliz y sonriente de su primer amor, las veces en que al beso de la pena quizá lanzó un ¡ay! y murmuró cabe la cuna del dormido niño una dulce canción, las veces en que en luchas interiores del sentimiento el grito sofocó como el [humilde] aroma de las rosas lo sabe sólo Dios! VI Encontrarás poesía dijo entonces, sonrïendo en el recinto sagrado de los cristianos templos, en los lugares que nunca humanos pies recorrieron, en los bosques seculares donde se oculta el silencio, en los murmullos sonoros de las ondas y del viento, en la voz de los follajes del amor en los recuerdos, de las niñas de quince años en los blancos aposentos, en las tristezas profundas como el Cristo en las noches estrelladas, ...jamás en los malos versos! VII Como tú sobre la dura roca nativa, parásita también he visto en la vida sobre las rocas más áridas criaturas tristes y buenas embellecer... VIII ¡La visteis! dulce y serena su faz retrata su calma y aunque de visiones llena aún está virgen su alma. Tiene la piel suave y pura cual las hojas de las lilas, ensueños de honda ternura rebosan en sus pupilas. Pequeño y la forma arqueada el pie nervioso y breve y pálida y hoyuelada la blanca mano de nieve. La mirada traviesa con lumbre vívida brilla bajo de la blonda espesa de la española mantilla. Y al meditar en sus besos perdiéndose en sus miradas se sueñan locos excesos de frescas carnes rosada[s]. Su alegre estancia risueña medio-templo, medio-nido, conversa al alma que sueña con un lenguaje escondido. Hacia sus grandes ventanas que velan leves cortinas tienden las oscuras ramas las madreselvas vecinas. De noche mis pensamientos allí van –ruido importuno en las alas de los vientos con los rayos de la luna. Y al penetrar, a la mesa vuelan –do lee o delira- o hacia el Cristo al cual le reza, o al espejo do se mira. Y cual una visión vana que evaporándose crece se salen por la ventana cuando la aurora amanece! IX Bajad a la pobre niña, bajadla con mano trémula, y con cuidadoso esmero entre la fosa ponedla y arrojad sobre su tumba frías puñadas de tierra! Aún sobre sus labios rojos la sonrisa postrimera, tan joven y tan hermosa y descansa helada, yerta, y está marchito el tesoro de su dulce adolescencia! Bajad a la pobre niña, ¡bajadla con mano trémula y con cuidadoso esmero entre la fosa ponedla y arrojad sobre su tumba frías puñadas de tierra! Cavad ahora otra fosa, cavadla con mano trémula, de la sonrïente niña del triste sepulcro cerca, para que lejos del mundo su sueño postrero duerman mis recuerdos de cariño y mis memorias más tiernas. Bajadlos desde mi älma JOSÉ ASUNCIÓN SILVA (Colombia, 1865-1896). Con la excepción de algunas breves temporadas en el extranjero - en Europa (París, Suiza y Londres) y en Venezuela, como secretario de la Legislación de su país en Caracas -, la vida de Silva transcurre en el ambiente cerrado y nada estimulante del Bogotá de sus años. De ningún modo un neurótico, pero sí un desajustado y un inconforme, su existencia estuvo marcada por el fracaso y las frustraciones: continuas ruinas en sus empeños comerciales, en los cuales ha de actuar para salvar los negocios de la familia; la muerte de su querida hermana Elvira (a quien va dedicado el famosísimo "Nocturno"), el naufragio de un barco en el que viajaba, el regreso de Venezuela, y donde pierde "lo mejor de mi obra"; la hostilidad de una sociedad estrecha ("José Presunción", le llamaban) que le obliga, por pudor y altivez, a casi esconder su vocación literaria. Todo ello, obrando sobre un espíritu sensible en alto grado, culminó en el temprano suicidio - antes de cumplir los treinta y un años -, sin que su genio poético hubiese llegado a madurar plenamente. A pesar de que aún en vida algunas de sus composiciones fueron muy populares, publicó poco; y la primera edición de su obra poética, parcial y muy adulterada, es póstuma, de 1908 (realizada en Barcelona, con un prólogo fervoroso de su gran admirador Miguel de Unamuno). De su breve labor en prosa hay que destacar el cultivo de las transposiciones artísticas - donde a palabra intenta expresar los matices del claroscuro y el color - , de tan fecunda práctica en la literatura modernista posterior. Incursionó en la narrativa: De sobremesa, escrito en forma de diario íntimo, más que una novela, es un libro que hay que leer como el testimonio atormentado pero impecable de aquel "fin de siglo angustioso", como allí lo calificara justamente sus autor. En sus páginas, de mucho interés para calar en la visión del mundo de Silva, están las conflictivas reacciones, y las contradicciones esperables, de un protagonista sufridor de los innúmeros problemas - de todo tipo: artísticos, morales, religiosos y aún políticos - que aquel tiempo de crisis planteaba al espíritu del hombre finisecular americano. Su producción poética conservada, no abundante, ha venido a quedar agrupada en tres núcleos muy distintivos: El libro de versos, lo más granado de esa producción - el mejor Silva - , que él mismo ordenó y tituló; Gotas amargas, conjunto que parece tenía destinado a mantener siempre inédito; y Versos varios, miscelánea del resto de su obra. Entre las diferentes opciones estéticas que convergen y se entrecruzan en el período modernista, este poeta colombiano apenas aparece tocado por el parnasismo y aún menos por el preciosismo exterior que tanto proliferó en los comienzos de la década del 1890 (léase su satírica "Sinfonía de color de fresa en leche"). Por el contrario, su temperamento poético, y sus lecturas y preferencias - principalmente Poe, Bécquer, el Martí de Ismaelillo (presente en su poema "Mariposas"), y en otras que más adelante mencionarán - hacen de Silva el poeta de su generación que más intuitivamente, y con mayor lucidez crítica a la vez, se entra en el ámbito del simbolismo. José Fernámdez, su alter ego en De sobremesa, define su poesía como "la tentativa mediocre de decir en nuestro idioma las sensaciones enfermizas y de sentimientos complicados que en formas perfectas expresaron en los suyos Baudelaire y Rossetti, Verlaine y Swinburne" (definición y nómina que incluyen algunas notas decadentistas, inseparables del simbolismo en sus inicios, y que revelan también el conocimiento por parte de Silva de algunos nombres capitales en otro de los ismos que se manifiesta en su obra: el prerradaelismo). O propone, ya más concretamente, algo en sí de naturaleza simbolista pero que la modernidad acentuará por cuanto literalmente reclama la participación activa de un lector-colaborador: "Es que yo no quiero decir sino sugerir (el subrayado es suyo) y para que la sugestión se produzca es preciso que el lector sea un artista". Como los simbolistas, y como todos los modernistas que a aquéllos siguieron, profesó un respeto sagrado al ejercicio de la poesía: para él, dirá, el verso es vaso santo ("Ars"); y hasta desplegó, en pareados alejandrinos de dicción e intencionalidad característicamente modernistas, una poética (de arte nervioso y nuevo) que resume la naturaleza novadora y sincrética de este modo de sensibilidad y expresividad, pero con claro énfasis en el ocultamiento y la sugestión propios del simbolismo ("Un poema"). Y es en la atmósfera de la estética simbolista, con su gusto por la expresión misteriosa, vaga, sugerente y de cadenciosa musicalidad, donde hay que inscribir sus más intensos momentos poéticos, teñidos de una profunda vibración elegíaca. Esos momentos aparecen dominados temáticamente por la obsesión del tiempo, el recuerdo y la muerte, y devueltos simbólicamente en un aura condicionada de veladuras y de sombras. Son sus conocidas elegías personales "Poeta, di paso…", y "Nocturno" (Una noche…).O las elegías de alcance universal: el no menos impresionante y contrapuntístico, por la sutil irrupción de la ironía, "Día de difuntos", que es un espléndido ejercicio de polimetría. Y a la fusión de su romanticismo esencial y su capacidad ya simbolista de depuración poética, cabe adscribir también dos voliciones señaladas de Silva: el refugio en las cosas frágiles y en las cosas viejas, embellecidas y dignificadas por el tiempo ("La voz de las cosas", "Vejeces"); y el regreso al mundo ideal de la pureza que únicamente en la niñez se da ("Infancia", "Los maderos de San Juan"). Y al lado de todo ello - o mejor, en el reverso -, su contracara. Recortados sobre tal fondo elegíaco (la nada: única verdad), los esfuerzos y las acciones de los hombres, vistos realísticamente, son gestos dignos sólo de ser dibujados en inversión paródica y en trazos sarcásticos o caricaturescos. Y surge entonces la sátira: Gotas margas, donde las presencias son muy otras: Heine, Bartrina, Campoamor. De valor poético ciertamente muy inferior, estos textos no dejan de tener una relevante significación histórica: de un lado, porque fueron escritos en el corazón de la época modernista y acreditan así la carga contradictoria de posibilidades que la misma permitía (además de que reflejan fielmente el profundo escepticismo del autor); y de otro, porque adelantan, en opinión compartible de Eduardo Camacho Guizado, toda la caudalosa corriente de antipoesía que conocerá nuestro siglo. De todos los poetas modernistas es Silva quien, por las vicisitudes de sus manuscritos y las irregularidades consecuentes de las primeras publicaciones, presenta mayores problemas y dificultades textuales. En la reproducción de sus poemas se ha seguido aquí la lectura propuesta por el crítico recién citado, Camacho Guizado, y por Gustavo Mejía, en la cuidadosa edición que ambos han realizado de la Obra completa de Silva, y la cual se consigna en la Bibliografía. (Agradezco al profesor Mejía el haber podido consultar el original de esa edición, libre de algunas erratas con que pasó al libro). BIBLIOGRAFIA OBRA POETICA Poesías, pról. de Miguel de Unamuno (Barcelona, Editorial Maucci, 1908); nueva edición corregida, 1918. Poesías completas, edición Camilo de Brigard Silva (Madrid, Aguilar, 1951); reediciones, 1953 y 1963. Obras completas, Pról. M. de Unamuno y notas de Baldomero Sanín Cano (Bogotá, Banco de la República, 1965) Obras completas, edición de Héctor Orjuela (Buenos Aires, Plus Ultra, 1968). Poesías, edición de Héctor Orjuela (Bogotá, Cosmos, 1973). Obra completa, pról. de Eduardo Camacho Guizado, editor E.G.G. y Gustavo Mejía (Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1977). |
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