| 70 años sin Federico García Lorca |
| Escrito por varios autores | |||
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La sangre de Federico derramada sobre la arena. Eran las cinco o las seis de la madrugada de una noche de llanto... «¿Cómo fue?/ Una grieta en la mejilla./¡Eso es todo!/Una uña que aprieta el tallo./Un alfiler que bucea/hasta encontrar las raicillas del grito./ Y el mar deja de moverse./¿Cómo, cómo fue?/Así/¡Déjame! ¿De esa manera?/Sí./El corazón salió solo./¡Ay, ay de mí!/». A las cinco o a las seis en punto de una madrugada de espanto: la del 18 de agosto de 1936 (un mes después de que Lorca celebrara en la Huerta de San Vicente el día de San Federico).
En una época en la que en España apenas se viajaba, Lorca vivió en Nueva York, en donde escribió su aclamado "Poeta en Nueva York", se trasladó a Argentina y residió en Cuba ("En un coche de aguas negras iré a Santiago"). Mientras la polémica sobre la exhumación de la fosa continúa en los despachos y en los tribunales, aquí, rodeado de árboles y con la sierra de Granada al fondo, descansa un hombre cuyo delito fue ser libre en un momento de la historia de España en la que apelar a la libertad era llamar a la puerta de los verdugos. fotografías: tomado de artículos de: En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte. En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte. En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte. En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte. En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte. En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte. En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte. En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte. |
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Federico García Lorca nació el 5 de junio de 1898 en el pueblo de Fuente Vaqueros en la provincia de Granada. Cuando murió, 38 años más tarde, el legado de su obra y su personalidad ya le habían garantizado un lugar en el panteón de los inmortales. 
Fue un adelantado a su tiempo, viajero inquieto, homosexual y vanguardista a ultranza. 
