70 años sin Federico García Lorca
Escrito por varios autores   

Lorca era envidiado por sus dones, tenía dinero, tenía éxito. Cuando los militares tomaron el poder, su ejecución era sólo cuestión de tiempo. Un homosexual, liberal y con éxito no se podía tolerar en la España de Franco.

Ian Gibson, biógrafo de Lorca


La sangre de Federico derramada sobre la arena. Eran las cinco o las seis de la madrugada de una noche de llanto... «¿Cómo fue?/ Una grieta en la mejilla./¡Eso es todo!/Una uña que aprieta el tallo./Un alfiler que bucea/hasta encontrar las raicillas del grito./ Y el mar deja de moverse./¿Cómo, cómo fue?/Así/¡Déjame! ¿De esa manera?/Sí./El corazón salió solo./¡Ay, ay de mí!/». A las cinco o a las seis en punto de una madrugada de espanto: la del 18 de agosto de 1936 (un mes después de que Lorca celebrara en la Huerta de San Vicente el día de San Federico).


La hija de uno de los enterradores del poeta asegura que se colocó un distintivo en su cuerpo por si algún día se recuperaran sus restos.

La tumba encontrada. Lorca, como cientos de granadinos víctimas inocentes de la represión, está enterrado en algún lugar entre Víznar y Alfacar. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

   
Algunos creen que los restos
de García Lorca están cerca
de los olivos del parque que
lleva su nombre...


En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos.
El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta.
Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas.
"Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson.

Federico García Lorca nació el 5 de junio de 1898 en el pueblo de Fuente Vaqueros en la provincia de Granada. Cuando murió, 38 años más tarde, el legado de su obra y su personalidad ya le habían garantizado un lugar en el panteón de los inmortales.
Federico García Lorca fue fusilado el 19 de agosto de 1936, junto a un maestro y dos jóvenes anarquistas, en un campo granadino, bajo unos olivares, apenas un mes después de haberle puesto punto final a "La casa de Bernarda Alba", su máxima obra teatral.
El 13 de julio, tras haber leído en Madrid, ante un selecto grupo de amigos, su flamante manuscrito, tomó un tren hacia Granada y se refugió en la casa de verano de su familia, la Huerta de San Vicente.
Si escapaba de los tumultos de Madrid, su elección fue un desacierto: una semana después, los militares golpistas se adueñaron de Granada, convertida de allí en más en Comandancia Militar a las órdenes del general Queipo de Llano, quien implantó el terror como método oficial.
Cinco mil granadinos fueron fusilados entre 1936 y 1939, García Lorca no iba a ser la excepción. Pero de todas formas, se trató de ocultar la verdad: para el generalísimo Francisco Franco, la muerte del poeta fue "un fatal accidente".
el 16 de agosto, de la ejecución de su cuñado José Fernández-Montesinos, alcalde socialista de la ciudad; ese mismo día, por la tarde, una patrulla se presentó en la casa de los Rosales con una orden de detención en contra suya.
Un maestro de escuela, Dióscoro Galindo González, y dos jóvenes anarquistas -Joaquín Arcollas Cabezas y Francisco Galadí Melgar- fueron sus compañeros de celda durante un par de días en una dependencia del Gobierno Civil. Cuando sus familiares preguntaron por él, les dijeron que ya no estaba allí.
En la madrugada del 19 lo cargaron junto a los otros tres en un camión que se encaminó hacia Víznar, en las afueras de Granada, donde los fusilaron.
Según parece, a Lorca lo remataron de un pistoletazo en la nuca pues se resistía a morir. Los enterraron allí mismo, en una fosa común.
¿Por qué lo fusilaron? Unos dicen que fue por izquierdista: era partidario del Frente Popular y tenía una estrecha relación con Fernando de los Ríos, diputado socialista por Granada. Otros aseguran que lo mataron porque era homosexual. Y también hay quienes -como el historiador Miguel Francisco Caballero- abonan la hipótesis de un crimen familiar por intereses.
Estas dos últimas posibilidades se reafirmaron después de que Juan Luis Trescastro -uno de los ejecutores de Lorca y pariente de su padre- alardeara de haberle pegado dos tiros en las nalgas "por maricón".  


"Granada aun hoy es un pueblo pequeño, todas las familias nos conocemos, en ese sentido no ha cambiado mucho de la Granada en la que Federico vivió".
El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte.
"Por esta misma puerta lo sacaron y lo subieron a un camión con otros sospechosos políticos. La gente que vio aquello, ni siquiera hoy quiere hablar. Los viejos prefieren olvidar y no abrir viejas heridas porque aun no están cerradas del todo".


La casa donde nació el
dramaturgo es un museo
que hoy exhibe sus objetos
personales.
 

 


 

En una época en la que en España apenas se viajaba, Lorca vivió en Nueva York, en donde escribió su aclamado "Poeta en Nueva York", se trasladó a Argentina y residió en Cuba ("En un coche de aguas negras iré a Santiago").  

Fue un adelantado a su tiempo, viajero inquieto, homosexual y vanguardista a ultranza.
"Católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico" como el mismo se definió una vez, Federico nunca tuvo una afiliación política definida, motivo por el cual muchos creen que su ejecución se debió más a motivos personales que políticos.
"Yo nunca seré político. Yo soy revolucionario, porque no hay verdadero poeta que no sea revolucionario", se definió; y probablemente ésa fue la razón de la sinrazón de su muerte.

Mientras la polémica sobre la exhumación de la fosa continúa en los despachos y en los tribunales, aquí, rodeado de árboles y con la sierra de Granada al fondo, descansa un hombre cuyo delito fue ser libre en un momento de la historia de España en la que apelar a la libertad era llamar a la puerta de los verdugos.

 


 

 

fotografías:
arriba: Lorca con Luis Buñuel.
Derecha: Lorca con Salvador Dalí.

tomado de artículos de:
Víctor Fernández
Periódico La Razón de España
Rafael Estefanía/BBC Mundo, Granada
Ana María Bertolini

 


 

 

 

 


En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte.  

 

En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte.  

 

En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte.  

 

En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte.  

 

En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte.  

 

En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte.  

 

En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte.  

 

En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte.  

 

En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos. El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Setenta años después, la familia García Lorca no quiere remover el cuerpo del poeta que yace cerca del manantial de Ainadamar («Fuente de las Lágrimas» en árabe) en Fuente Grande, donde el hispanista Ian Gibson apunta que el creador de «La barraca» fue fusilado junto a las otras tres personas. "Alguna gente dice que el cuerpo de Lorca ya no esta allí, que la familia lo sacó durante la guerra y lo enterraron en la finca familiar en Granada. Eso quizás explicaría esa insistencia en no abrir la tumba por parte de la familia", relata Gibson. El que habla es Federico Jiménez, director del Hotel Reina Cristina, antigua casa del poeta Luis Rosales en la que Lorca se refugió y de la que fue sacado por la fuerza por los falangistas y conducido a su muerte.  
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